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La Coctelera

El último viaje en Cadillac blanco

30 ene 07

Celebrando la entrada del año 1953, el 1 de Enero de ese recién estrenado año, Hiram King Williams debía coger un avión para continuar su gira con destino a Canton (Ohio) pero las inclemencias del tiempo lo impidieron.

Optó por contratar un chófer, Charles de apenas diecisiete años, con el que emprender el viaje desde Knoxville (Tennessee) hasta el encuentro con sus fieles seguidores.

Williams intentaba superar su adicción al alcohol demostrando a su compañía discográfica que podría volver a recuperar la gloria de antaño. Pero no podía controlar las drogas. La morfina le devolvía parte de la vida que los excesos le habían quitado y habían dejado secuelas en todo su organismo. La morfina aplacaba el dolor constante de esas enfermedades imborrables marcadas en él.

Eso y, como no, los desafortunados encuentros amorosos a los que tanto ha cantado en sus Honky-Tonks.

Durante el viaje abusó de la B12 y la morfina, acompañando sus medicinas con varias botellas de cerveza que iba dejando como huella a lo largo del asiento trasero.

Charles realizó una parada en una estación de servicio de Oak Hill (West Virginia) y cuando fue a avisar al pasajero de su parada y descanso, descubrió que estaba rígido y estático. A su alrededor una montaña de cervezas, ninguna de whisky, anteriormente su bebida favorita, y un buen puñado de letras que escribía y nunca pudo grabar.

Hank Williams perdió la vida poco después de abandonar Knoxville, tres horas después de la entrada de ese año 1953. En el asiento trasero de un viejo Cadillac blanco, con sus botas y su sombrero Stetson.

Cinco días más tarde nacería una ilegítima hija, Jett Williams. Su viuda, Billie Jean, casaría con Johnny Horton, otro de los grandes.

El legado de Hank, hacia el country y el rock'n'roll, es una infinidad de buenas letras, de buenos ritmos, grandes composiciones y grandísimas historias.

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